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Las aves durante el eclipse solar de 2026 en Cádiz

12 ago
8 min de lectura

El 12 de agosto de 2026, mientras miles de personas por toda España salían a la calle para contemplar uno de los acontecimientos astronómicos más esperados del año, yo tenía la mirada puesta en otra cosa. En lugar de concentrarme únicamente en los movimientos del sol y la luna, quería ver qué harían las aves durante el eclipse solar.


La astronomía no es, desde luego, mi especialidad. Me siento mucho más cómodo intentando identificar un limícola lejano que fotografiando el sol o cualquier otro objeto de nuestro sistema solar. Pero un eclipse ofrecía una oportunidad poco habitual: durante un breve periodo de la tarde, la luz del día disminuiría de repente para después volver a aumentar parcialmente, poco antes de la verdadera puesta de sol. ¿Cómo reaccionarían las aves?



Gaviota blanca volando sobre fondo desenfocado marrón
Gaviota reidora


Elegir un lugar para observar el eclipse


Encontrar el lugar adecuado no fue tan sencillo como esperaba. Buscaba un paisaje abierto con muchas aves, una vista despejada hacia el oeste y, a ser posible, buenas oportunidades para hacer fotos.


Para estar algo mejor preparado, visité las salinas dos días antes del eclipse. En parte era una salida de observación de aves, pero también me servía para preparar la visita del día del eclipse. Quería saber por dónde desaparecería el sol tras el horizonte y dónde era más probable encontrar a las aves a esa hora de la tarde.


Pájaro amarillo posado entre juncos verdes; fondo de carrizo..
Conté alrededor de diez lavanderas boyeras durante ambas visitas

Había muchísimas aves, entre ellas numerosas agujas y flamencos. Finalmente encontré una posición prometedora relativamente cerca de un grupo de flamencos y esperé pacientemente a la puesta de sol.


Ya tenía en mente varias fotos que me encantaría conseguir. Una de ellas era un flamenco de pie o vadeando en primer plano, en silueta o a contraluz con el sol parcialmente eclipsado detrás. Otra era quizás todavía más difícil: la silueta de un ave en vuelo pasando justo por delante del sol eclipsado. Cualquiera de las dos me habría hecho muy feliz.



Silueta de flamenco en agua dorada al atardecer, con reflejos brillantes..


En la práctica, sabía que conseguir una imagen así sería extremadamente difícil, por no decir casi imposible. La posición del ave, el sol y el fotógrafo tendrían que alinearse exactamente en el momento adecuado. A un flamenco le basta con dar unos pocos pasos para que la composición desaparezca por completo, mientras que un ave en vuelo podría ofrecerme apenas una fracción de segundo. La exposición supondría otro reto al intentar combinar una zona extremadamente luminosa del cielo con un ave en primer plano. Aun así, la visita previa me ayudó a preparar mejor la tarde del eclipse.


Según se acercaba la puesta de sol, observé otro patrón interesante. Pequeños grupos de gaviotas empezaron a abandonar las salinas, probablemente camino de sus dormideros. Los flamencos se comportaban de forma diferente. Muchos permanecieron en las salinas, donde también pasan la noche.


Atardecer dorado sobre el agua con dos aves en vuelo y silueta de ciudad.
Puesta de sol durante mi primera visita

Conseguí hacer algunas fotos con las que quedé bastante satisfecho, pero esa tarde confirmó otra cosa: para lograr durante el eclipse alguna de las imágenes que tenía en mente iba a necesitar una buena dosis de suerte. Y entonces llegaron otros protagonistas: los mosquitos.


En cuanto empezó a oscurecer un poco, aparecieron de repente en grandes cantidades y comenzaron a atacarme. Eso me hizo pensar en otra posible consecuencia del eclipse. Como los mosquitos aparecieron en cuanto empezó a oscurecer, me pregunté si dos días después tendría que aguantar dos oleadas: una durante el eclipse y otra durante la puesta de sol.



La tarde del eclipse en las salinas


La tarde del 12 de agosto llegué con bastante antelación. A pesar de haber visitado la zona dos días antes, todavía me costó decidir cuál sería el mejor sitio. Había una zona donde se concentraban agujas, flamencos comunes, gaviotas y cigüeñuelas, y durante un rato pensé en quedarme allí.


Tres aves acuáticas en una laguna.


Aves limícolas en un lodazal costero: varias correlimos y zarapitos buscan alimento.
Muchos limícolas alimentándose a menos de una hora antes del eclipse

Después de caminar un poco más, acabé encontrando un lugar que me convencía más: un camino entre dos salinas poco profundas. A ambos lados había pequeños grupos de flamencos. En una dirección podía fotografiarlos con la suave luz de la tarde; en la otra, quedaban a contraluz con el sol poniéndose detrás. Ahora solo faltaba que las aves se colocaran bien durante el eclipse.


Cuatro flamencos descansan y se acicalan en aguas tranquilas.
Cuatro flamencos poco antes del eclipse, envueltos en una luz muy suave

En Chiclana, el eclipse parcial comenzó aproximadamente a las 19:43 y alcanzó su máximo hacia las 20:39. En ese momento la luna llegó a cubrir aproximadamente el 93 % de la superficie visible del sol. Al principio, apenas se notaba nada. La luna fue avanzando lentamente por delante del sol y la luz empezó a cambiar poco a poco.



Aves en silueta vuelan ante un eclipse solar sobre el mar al atardecer.
Gaviotas alejándose durante el eclipse

Una de las cosas que más me sorprendió al mirar a través de las gafas especiales para eclipses fue lo pequeño que parecía el sol. Cuando lo vemos normalmente en el cielo —sin mirarlo directamente, por supuesto— da la impresión de ser una enorme bola de fuego que domina el paisaje. Sin embargo, a través de las gafas, al desaparecer todo el resplandor que lo rodea, se veía como un disco sorprendentemente pequeño y perfectamente definido. Fue curioso comprobar hasta qué punto su enorme luminosidad influye en la forma en que percibimos su tamaño.


A medida que avanzaba el eclipse y empezaba a notarse más la pérdida de luz, ocurrió algo que me resultaba familiar. Las aves comenzaron a comportarse de forma muy parecida a como lo habían hecho dos tardes antes. Para mí, ese fue probablemente el aspecto más interesante de toda la experiencia. No daba la impresión de que las aves estuvieran reaccionando a un extraño fenómeno astronómico. Más bien parecía que respondían a algo mucho más habitual para ellas: la disminución de la luz.


En eclipses anteriores se ha observado que algunas aves reducen sus cantos y reclamos, interrumpen la actividad diurna o empiezan a comportarse como si estuviera llegando el anochecer y fuera hora de dirigirse a los dormideros. Sin embargo, no todas las especies reaccionan de la misma manera, y un eclipse parcial puede provocar cambios mucho menos marcados que uno total. En Cádiz, esa diferencia se hizo bastante evidente.



¿Por qué no oscureció más?


Ver el eclipse a través de unas gafas adecuadas fue fascinante. Contemplar cómo la luna cubría una parte tan grande del sol es algo muy distinto de lo que suelo observar en mis salidas al campo. Aun así, tengo que admitir que me decepcionó un poco. Esperaba que oscureciera bastante más.


Silueta de un ave volando frente a un eclipse solar.
Garza real volando cerca del eclipse

Sabía de antemano que Cádiz quedaba fuera de la franja de totalidad, pero al saber que la luna llegaría a cubrir casi todo el diámetro del sol, me había imaginado un ambiente mucho más parecido al crepúsculo. Pero seguía habiendo mucha más luz de la que esperaba. Pensándolo bien, tiene su lógica. Incluso una pequeña porción del sol que permanece visible sigue siendo extraordinariamente luminosa. Además, nuestros ojos se adaptan muy bien a los cambios de luz, por lo que el paisaje puede seguir pareciendo bastante claro aunque, en un esquema del eclipse, veamos casi todo el disco solar oculto. Para las aves, por tanto, no era como si de repente se hiciera de noche en pleno día.


Fotografiar aves durante el eclipse


Aunque no llegó a oscurecer tanto como había imaginado, la tarde sí ofreció algunas oportunidades interesantes para hacer fotos. No conseguí ninguna de las dos imágenes que llevaba días queriendo conseguir: un flamenco perfectamente situado justo debajo o delante del sol eclipsado, o la silueta de un ave pasando exactamente por delante del disco solar. Para lograr una foto así tenían que coincidir demasiadas cosas en el mismo instante.


Eclipse solar parcial en cielo naranja, con silueta de un pájaro.


Pero sí conseguí fotografiar algunas aves que, al menos en las fotos, parecen volar muy cerca del eclipse. Con una focal larga, un ave que en realidad está bastante alejada de la línea de visión del sol puede parecer sorprendentemente próxima a él en una imagen. Y, en cierto modo, esas fotos menos perfectas representan mejor aquella tarde que la imagen ideal que había imaginado. Al fin y al cabo, había ido allí sobre todo para observar cómo reaccionaban las aves, no simplemente para fotografiar el eclipse.



¿Pensaron las aves que estaba anocheciendo?


Alrededor del momento de máximo eclipse, la actividad de las aves había cambiado de forma bastante clara. Algunas ya parecían haberse puesto en camino hacia sus dormideros, igual que había observado dos días antes cuando se acercaba la puesta de sol. Después del máximo, cuando poco a poco empezó a aumentar de nuevo la luz, volví a escuchar más cantos y reclamos. Lo que no observé fue un regreso evidente de las aves que ya se habían marchado.


Y, pensándolo bien, tiene bastante sentido. Solo había unos cuarenta minutos entre el máximo del eclipse y la puesta de sol real. Si una gaviota ya había volado hasta su dormidero, no tendría mucho sentido volver a las salinas para quedarse allí apenas un rato y emprender de nuevo el mismo trayecto poco después.


Por supuesto, esta es solo mi interpretación de lo que vi, no el resultado de un experimento científico controlado. Pero precisamente este tipo de detalles fue lo que hizo tan interesante observar el eclipse desde el punto de vista de un aficionado a las aves.



Fotografiar el eclipse sin filtro solar


Para este eclipse no utilicé ningún filtro solar especial en la cámara. Mi intención no era apuntar directamente al sol con un teleobjetivo para fotografiar el disco solar en detalle. Estaba haciendo fotos de aves y del paisaje, y en algunas composiciones incluía el sol, ya bastante bajo, como una pequeña parte de la escena. También evité deliberadamente mirar directamente al sol a través de la cámara o mantenerlo dentro del encuadre durante demasiado tiempo.


Como el sol ya estaba bastante bajo sobre el horizonte y por el tipo de fotos que estaba haciendo, personalmente consideré que el riesgo para mi equipo era relativamente pequeño. En ningún momento tuve la sensación de estar poniendo en peligro ni mis ojos ni la cámara.


Sin embargo, eso no significa, que fotografiar un eclipse parcial sin filtro esté siempre exento de riesgos. Las recomendaciones oficiales son mucho más prudentes y aconsejan utilizar un filtro solar adecuado delante del objetivo cuando se quiere fotografiar directamente el sol parcialmente eclipsado, sobre todo si el propio sol es el protagonista de la imagen.


Atardecer naranja sobre siluetas de edificios, con el sol parcialmente oculto.
El eclipse parcial todavía visible durante la puesta de sol sobre San Fernando

Y, por supuesto, la precaución más importante tiene que ver con nuestros ojos: nunca hay que mirar directamente al sol brillante sin una protección adecuada, ni observarlo a través de un visor óptico, unos prismáticos o un teleobjetivo sin el filtro solar correspondiente. Los sistemas ópticos pueden concentrar la luz del sol y provocar lesiones oculares graves.


En una foto de paisaje hecha con una focal más amplia, en la que un sol bajo aparece simplemente como parte de la composición, cada fotógrafo tendrá que valorar las condiciones y el equipo que está utilizando. Pero el hecho de que la luna cubra una parte del sol no es motivo para olvidar las precauciones habituales.



El año que viene debería ser muy diferente


Afortunadamente, no tendré que esperar mucho para tener otra oportunidad. El 2 de agosto de 2027, otro eclipse solar cruzará el sur de España. Casi toda la provincia de Cádiz quedará dentro de la franja de totalidad y, a diferencia del eclipse de 2026, tendrá lugar por la mañana, aproximadamente entre las 10:45 y las 10:50.


La experiencia debería ser completamente distinta. En vez de un eclipse parcial poco antes de la puesta de sol, las aves que se encuentren dentro de la franja de totalidad pasarán, durante unos minutos, de la luz normal de la mañana a una oscuridad casi total.


Dónde estaré para fotografiarlo es otra cuestión. El sol estará en una zona totalmente distinta del cielo y a una altura muy diferente, así que el lugar que funcionó este año podría no servirme en absoluto. Antes de agosto de 2027 tendré que estudiar bien la posición del sol, buscar posibles escenarios y, sobre todo, averiguar dónde será más probable encontrar las aves adecuadas. Tampoco sé todavía cuál será la foto que más me gustaría conseguir. Quizás un flamenco vadeando en aguas poco profundas con el eclipse al fondo. Quizás la silueta de un ave pasando justo por delante del sol. O quizás una cigüeña blanca aparezca exactamente en el lugar adecuado y en el momento perfecto.



Dos flamencos en agua al atardecer naranja.

El eclipse de 2026 me enseñó varias cosas, no solo sobre las aves, sino también sobre lo difícil que es combinar la fotografía de naturaleza con un acontecimiento astronómico. El año que viene, el eclipse en sí debería ser mucho más espectacular. El reto será encontrar el lugar adecuado, las aves adecuadas y la composición perfecta antes de que, de repente, se apaguen las luces.

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